El cerebro que lee: cómo aprendemos a leer y por qué la lectura transforma el aprendizaje

Una mirada desde la neuropsicología y la educación

Por Licda. Josinell Marieli Martínez Burgos
Neuropsicóloga clínica y docente universitaria

Leer es mucho más que reconocer palabras

Cuando observamos a una persona leyendo, podríamos pensar que está realizando una actividad sencilla: mirar letras, reconocer palabras y comprender un mensaje. Sin embargo, desde la neuropsicología sabemos que la lectura constituye uno de los aprendizajes culturales más complejos que desarrolla el ser humano.

Leer requiere la participación coordinada de diferentes procesos cognitivos, entre ellos la percepción visual, la atención, el procesamiento fonológico, el lenguaje, la memoria de trabajo y las funciones ejecutivas.

A diferencia del lenguaje oral, cuyo desarrollo cuenta con una importante predisposición biológica y depende de la interacción lingüística, la lectura necesita una enseñanza específica. Nuestro cerebro no dispone de un sistema que haya evolucionado exclusivamente para reconocer palabras escritas.

Esto significa que aprender a leer supone utilizar y reorganizar redes cerebrales que originalmente participan en otras funciones.

Dehaene y colaboradores (2015) explican este fenómeno mediante el concepto de reciclaje neuronal: durante la alfabetización, determinados circuitos cerebrales se especializan progresivamente en el reconocimiento de símbolos escritos y su relación con el lenguaje.

Desde esta perspectiva, aprender a leer no consiste únicamente en memorizar letras. Implica desarrollar conexiones funcionales que permitan transformar los símbolos gráficos en unidades lingüísticas con significado.

Comprender este proceso resulta fundamental para la educación, especialmente cuando buscamos explicar por qué algunos estudiantes adquieren la lectura con relativa facilidad, mientras otros necesitan una enseñanza más intensiva y especializada.

¿Qué sucede en el cerebro cuando leemos?

La lectura no depende de una única región cerebral. Es el resultado de la interacción entre diferentes redes que procesan información visual, fonológica, lingüística y semántica.

Cuando una persona observa una palabra escrita, su sistema visual comienza identificando las características de los símbolos que la componen.

Posteriormente, intervienen mecanismos especializados que permiten reconocer las letras y sus combinaciones, relacionarlas con los sonidos del lenguaje y acceder a su significado.

Una región particularmente relevante es la corteza occipitotemporal ventral izquierda, donde se localiza una zona que, con la experiencia lectora, muestra una especialización creciente en el reconocimiento de palabras escritas.

Esta región suele denominarse área de la forma visual de las palabras.

Sin embargo, sería incorrecto afirmar que esta zona lee por sí sola. Su funcionamiento depende de la comunicación con otras regiones cerebrales implicadas en el procesamiento del lenguaje.

Entre las redes más relevantes encontramos:

Redes visuales y ortográficas. Participan en la identificación de letras, patrones escritos y palabras conocidas.

Redes fonológicas. Permiten relacionar las letras con los sonidos del habla, una habilidad especialmente importante durante las primeras etapas de alfabetización.

Redes lingüísticas y semánticas. Contribuyen al reconocimiento del vocabulario, las relaciones gramaticales y la construcción del significado.

Redes atencionales y ejecutivas. Ayudan a mantener el objetivo de la lectura, seleccionar información relevante, supervisar la comprensión y regular las estrategias utilizadas.

Estas redes no funcionan como etapas completamente independientes. Se comunican de manera dinámica, y su participación cambia según la experiencia del lector, las características del texto y las exigencias de la tarea.

Por ejemplo, leer una palabra familiar requiere menos esfuerzo de decodificación que enfrentarse a un término desconocido. De igual manera, comprender un texto científico exige procesos adicionales de integración conceptual, memoria y razonamiento.

La lectura, por tanto, es una actividad cerebral integrada y flexible.

Los procesos cognitivos que hacen posible la lectura

Desde la evaluación neuropsicológica, resulta importante reconocer que una dificultad lectora puede relacionarse con diferentes componentes del procesamiento cognitivo.

Procesamiento visual y reconocimiento ortográfico

El primer contacto con un texto ocurre a través del sistema visual.

El cerebro debe identificar las características de las letras, reconocer su orientación, distinguir sus combinaciones y desarrollar representaciones ortográficas cada vez más precisas.

Durante el aprendizaje, los estudiantes comienzan reconociendo letras y secuencias que, mediante la práctica, pueden convertirse en unidades familiares.

No obstante, reconocer visualmente una palabra no garantiza comprenderla.

Un estudiante puede identificar correctamente una secuencia de letras y pronunciarla sin conocer su significado.

Por eso, el reconocimiento ortográfico representa un componente necesario de la lectura, pero no constituye por sí solo la comprensión lectora.

Conciencia fonológica y decodificación

La conciencia fonológica es la capacidad de reconocer y manipular las unidades sonoras del lenguaje.

Dentro de ella, la conciencia fonémica permite identificar y trabajar con los sonidos individuales que componen las palabras.

Por ejemplo, comprender que la palabra sol está formada por tres fonemas constituye una habilidad relevante para aprender las correspondencias entre grafemas y fonemas.

En los sistemas alfabéticos, estas correspondencias permiten que el estudiante transforme los símbolos escritos en representaciones fonológicas.

La enseñanza explícita y sistemática de estas relaciones resulta especialmente importante en las etapas iniciales del aprendizaje lector.

Con la práctica, la decodificación puede volverse progresivamente más precisa y automática, liberando recursos cognitivos para la comprensión.

Atención y memoria de trabajo

La lectura también requiere mantener información activa mientras se procesa contenido nuevo.

La memoria de trabajo permite conservar temporalmente palabras, ideas y relaciones necesarias para construir el significado de una oración o un párrafo.

Imaginemos que un estudiante lee:

Aunque María había estudiado durante toda la semana, decidió repasar nuevamente porque consideraba que el examen sería difícil.

Para comprender esta oración, necesita mantener y relacionar información presentada en diferentes momentos.

También debe interpretar conectores como aunque y porque, que establecen relaciones entre las ideas.

La atención contribuye a sostener el procesamiento, especialmente cuando el texto es extenso o contiene información compleja.

Sin embargo, es importante aclarar que una dificultad lectora no debe atribuirse automáticamente a problemas de atención o memoria.

La comprensión depende de múltiples factores, entre ellos el vocabulario, los conocimientos previos, las habilidades lingüísticas y la precisión en el reconocimiento de palabras.

Lenguaje oral y comprensión

El lenguaje constituye una base fundamental para comprender lo que se lee.

Un estudiante necesita conocer el significado de las palabras, interpretar estructuras gramaticales, establecer relaciones entre ideas y realizar inferencias.

Por ejemplo, ante la oración:

Pedro tomó su paraguas antes de salir de casa.

El lector puede inferir que probablemente esperaba lluvia, aunque el texto no lo indique directamente.

Esta interpretación requiere combinar información lingüística con conocimientos previamente adquiridos.

Por ello, enseñar a leer no significa trabajar exclusivamente con letras y sonidos. También implica desarrollar vocabulario, comprensión oral, conocimiento del mundo y habilidades de razonamiento.

Leer para aprender: la lectura como herramienta de construcción del conocimiento

La lectura tiene una función que trasciende el reconocimiento y la comprensión inmediata de las palabras: permite acceder a nuevos conocimientos y participar en diferentes prácticas sociales y académicas.

Rose y Martin, en su obra Leer para aprender: lectura y escritura en las áreas del currículo, presentan una perspectiva pedagógica en la que la lectura y la escritura se integran en las distintas disciplinas escolares.

Desde este enfoque, aprender ciencias naturales, historia, matemáticas o literatura también implica aprender a comprender y producir los textos propios de cada área.

No leemos de la misma manera un cuento, una explicación científica, una noticia o un problema matemático.

Cada tipo de texto presenta estructuras, vocabulario y propósitos comunicativos particulares.

En consecuencia, el aprendizaje lector no debería considerarse una responsabilidad exclusiva de los primeros grados escolares o de las asignaturas de lengua.

La enseñanza de la lectura debe continuar a lo largo de la trayectoria educativa.

Esta perspectiva coincide con los planteamientos de Cisneros Estupiñán y Vega Pulido (2011), quienes destacan la importancia de comprender la alfabetización académica como un proceso continuo y transversal en la formación.

Desde la educación, esto supone reconocer que las habilidades lectoras necesitan desarrollarse, fortalecerse y adaptarse a las exigencias de cada nivel educativo.

Un estudiante puede leer correctamente durante la educación primaria y, aun así, experimentar dificultades al enfrentarse a textos universitarios que requieren integrar conceptos, evaluar argumentos y elaborar interpretaciones críticas.

Por tanto, la competencia lectora no termina cuando se aprende a decodificar.

Lectura y escritura con sentido y significado

Uno de los desafíos educativos más importantes consiste en evitar que la lectura se convierta exclusivamente en una actividad mecánica.

Valverde Riascos (2014), en su trabajo Lectura y escritura con sentido y significado, como estrategia de pedagógica en la formación de maestros, destaca la relevancia de estas habilidades como herramientas para la construcción de aprendizajes significativos.

Desde esta perspectiva, leer implica interpretar, relacionar conocimientos y participar activamente en la construcción de significados.

Por ejemplo, un estudiante puede leer varias veces una definición sobre la memoria y repetirla correctamente durante una evaluación.

Sin embargo, esto no necesariamente significa que comprenda el concepto.

La comprensión se vuelve más profunda cuando puede explicar la definición con sus propias palabras, relacionarla con situaciones cotidianas, diferenciarla de otros conceptos y utilizarla para resolver problemas.

Esto nos lleva a una distinción fundamental:

Leer correctamente no siempre significa comprender adecuadamente.

Asimismo, es importante distinguir entre las estrategias destinadas a enseñar el código escrito y aquellas orientadas a desarrollar la comprensión.

La construcción de significado no sustituye la necesidad de enseñar explícitamente las relaciones entre letras y sonidos. Ambos componentes son necesarios y deben abordarse de manera complementaria.

Una enseñanza lectora de calidad necesita favorecer tanto la precisión y fluidez como el desarrollo del lenguaje, el pensamiento y la comprensión.

¿Por qué algunos estudiantes presentan dificultades para aprender a leer?

Desde la neuropsicología, las dificultades lectoras deben comprenderse mediante una evaluación de los procesos que participan en el aprendizaje.

No todos los estudiantes que presentan un bajo rendimiento lector experimentan las mismas dificultades.

Algunos pueden tener problemas para identificar y manipular los sonidos del lenguaje. Otros muestran dificultades para reconocer palabras con precisión o alcanzar una lectura fluida.

También existen estudiantes que decodifican adecuadamente, pero presentan dificultades para comprender textos debido a limitaciones en el vocabulario, la comprensión lingüística o la integración de información.

Entre las manifestaciones que pueden observarse se encuentran:

  • Lectura lenta o poco precisa.

  • Dificultades persistentes para establecer correspondencias entre letras y sonidos.

  • Errores frecuentes en el reconocimiento de palabras.

  • Problemas para comprender oraciones y textos.

  • Dificultades para realizar inferencias.

  • Esfuerzo elevado durante la lectura.

  • Evitación de actividades lectoras.

Estas manifestaciones no constituyen, por sí mismas, un diagnóstico.

Por ejemplo, la dislexia es una dificultad específica del aprendizaje que afecta principalmente el reconocimiento preciso o fluido de palabras y las habilidades de decodificación y ortografía.

Sin embargo, no toda dificultad lectora corresponde a dislexia.

También deben considerarse la calidad y las oportunidades de enseñanza, el desarrollo del lenguaje, los antecedentes educativos, las condiciones sensoriales y otros factores relevantes.

La evaluación neuropsicológica permite analizar el perfil de fortalezas y dificultades del estudiante, identificar procesos comprometidos y orientar intervenciones ajustadas a sus necesidades.

¿Qué puede aportar la neuropsicología a la educación?

La neuropsicología ofrece conocimientos sobre los procesos cognitivos implicados en el aprendizaje y sobre las diferencias individuales en su desarrollo.

Sin embargo, conocer qué regiones cerebrales participan en la lectura no permite determinar automáticamente cuál es el mejor método de enseñanza.

Las decisiones pedagógicas deben fundamentarse también en investigaciones educativas que evalúen directamente la eficacia de las intervenciones.

Desde una perspectiva integradora, pueden destacarse varias orientaciones.

Enseñar explícitamente las habilidades fundamentales de la lectura.

Durante la alfabetización inicial, es necesario desarrollar la conciencia fonémica, las correspondencias entre grafemas y fonemas, la decodificación y el reconocimiento de palabras.

Fortalecer el lenguaje oral y el vocabulario.

Las conversaciones, explicaciones, lecturas compartidas y actividades de comprensión contribuyen al desarrollo de habilidades lingüísticas necesarias para interpretar textos.

Trabajar la comprensión de manera intencional.

Los estudiantes necesitan aprender a identificar ideas principales, realizar inferencias, formular preguntas, reconocer relaciones entre conceptos y supervisar su comprensión.

Integrar la lectura en todas las áreas curriculares.

Leer textos científicos, históricos y matemáticos requiere familiarizarse con diferentes estructuras discursivas y formas de organizar el conocimiento.

Identificar tempranamente las dificultades.

La detección y la intervención oportunas pueden reducir el impacto académico de las dificultades lectoras persistentes.

Respetar las diferencias individuales sin reducir las expectativas de aprendizaje.

Los estudiantes pueden necesitar distintos niveles de apoyo, intensidad de enseñanza y oportunidades de práctica.

La finalidad no consiste en simplificar permanentemente las tareas, sino en proporcionar las herramientas necesarias para desarrollar mayor autonomía.

Del reconocimiento de palabras al pensamiento crítico

A medida que la lectura se desarrolla, el estudiante puede dedicar una mayor proporción de sus recursos cognitivos a comprender, relacionar y evaluar información.

Sin embargo, la fluidez lectora no garantiza automáticamente el pensamiento crítico.

Para analizar un texto de manera crítica también se necesitan conocimientos previos, comprensión del lenguaje, habilidades de razonamiento y oportunidades educativas para contrastar argumentos y evidencias.

En este sentido, la lectura representa una herramienta fundamental para el aprendizaje autónomo.

Un estudiante que comprende lo que lee puede utilizar los textos para formular preguntas, ampliar conocimientos, construir explicaciones y participar de manera más activa en su proceso educativo.

Esto resulta especialmente importante en una sociedad caracterizada por el acceso constante a grandes cantidades de información.

Hoy no basta con localizar textos o reproducir su contenido.

También necesitamos enseñar a los estudiantes a distinguir información confiable, identificar argumentos, reconocer las limitaciones de una fuente y construir interpretaciones fundamentadas.

La educación lectora, por tanto, debe avanzar desde el dominio del código escrito hacia el desarrollo de competencias de comprensión, reflexión y análisis.

Enseñar a leer también es enseñar a comprender

La lectura constituye una capacidad cultural que transforma la manera en que el cerebro procesa el lenguaje escrito y permite acceder a nuevas formas de conocimiento.

Desde la neuropsicología, comprendemos que aprender a leer requiere la coordinación de diferentes procesos cognitivos y el desarrollo progresivo de redes cerebrales especializadas.

Desde la educación, reconocemos que este aprendizaje necesita una enseñanza sistemática, oportunidades de práctica y experiencias que permitan construir significados.

Las aportaciones de Rose y Martin, Cisneros Estupiñán y Vega Pulido, y Valverde Riascos permiten ampliar esta comprensión al destacar la lectura y la escritura como prácticas fundamentales para aprender en las diferentes áreas del currículo.

Por su parte, la investigación neurocientífica contribuye a explicar cómo el cerebro adquiere y desarrolla esta habilidad. Ambas perspectivas son complementarias.

La neuropsicología ayuda a comprender los mecanismos cognitivos implicados en la lectura, mientras que la investigación educativa permite identificar prácticas pedagógicas que favorecen su adquisición y desarrollo.

Enseñar a leer no debería limitarse a conseguir que un estudiante pronuncie correctamente las palabras de un texto. El verdadero desafío educativo consiste en ayudarlo a comprender, interpretar y utilizar aquello que lee para seguir aprendiendo.

La lectura no es únicamente una competencia escolar. Es una herramienta para construir conocimiento, desarrollar autonomía y participar de manera crítica en la sociedad.

Referencias bibliográficas

Las siguientes referencias pueden colocarse al final del artículo en WordPress. Están organizadas en formato APA 7.ª edición e incluyen las tres obras que proporcionaste y estudios científicos complementarios.

1. Castles, A., Rastle, K., & Nation, K. (2018). Ending the reading wars: Reading acquisition from novice to expert. Psychological Science in the Public Interest, 19(1), 5–51.
Consultar artículo científico

2. Cisneros Estupiñán, M., & Vega Pulido, V. (2011). En busca de la calidad educativa a partir de los procesos de lectura y escritura. Universidad Tecnológica de Pereira.
Consultar libro completo

3. Dehaene, S., Cohen, L., Morais, J., & Kolinsky, R. (2015). Illiterate to literate: Behavioural and cerebral changes induced by reading acquisition. Nature Reviews Neuroscience, 16, 234–244.
Consultar investigación

4. Duke, N. K., & Cartwright, K. B. (2021). The science of reading progresses: Communicating advances beyond the simple view of reading. Reading Research Quarterly, 56(S1), S25–S44.
Consultar artículo científico

5. Rose, D., & Martin, J. R. (2018). Leer para aprender: Lectura y escritura en las áreas del currículo. Ediciones Pirámide.
Consultar libro en la editorial

6. Valverde Riascos, Y. del S. (2014). Lectura y escritura con sentido y significado, como estrategia de pedagógica en la formación de maestros. Fedumar Pedagogía y Educación, 1(1), 71–104.
Consultar artículo académico

Por Licda. Josinell Marieli Martínez Burgos
Neuropsicóloga clínica | Máster en Neuropsicología por la Universidad de Salamanca | Doctoranda en Investigación en Psicología por la Universidad de València | Docente Universitaria 

Publicado por Josinell Martínez | Epic Place RD

Soy Josinell Martínez, neuropsicóloga clínica, docente universitaria y doctora en formación en la Universidad de Valencia (España). Mi trabajo integra la ciencia, el arte y la creatividad como herramientas para el desarrollo humano y el bienestar emocional. He dedicado mi carrera a acompañar a niños, adultos y familias en procesos de evaluación, orientación y crecimiento integral. “Creo profundamente en la unión entre la neurociencia y el arte como puentes hacia una vida más consciente, equilibrada y plena.”

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