¿Qué nos hace ser quienes somos? Seis miradas para comprender el desarrollo humano

¿Por qué dos niños que crecen en una misma familia pueden desarrollar personalidades tan diferentes? ¿Por qué algunas experiencias de la infancia parecen acompañarnos durante años? ¿Hasta qué punto nuestra manera de pensar, sentir y relacionarnos depende de la biología, del aprendizaje, de la familia o de la cultura?

Estas preguntas forman parte de uno de los grandes temas de la psicología del desarrollo.

El desarrollo humano comprende los cambios y continuidades que experimentamos a lo largo de la vida en dimensiones físicas, cognitivas, emocionales y sociales. Para comprender un fenómeno tan complejo, los psicólogos han propuesto diferentes perspectivas teóricas. Como presentan Papalia y Martorell en sus estudios sobre desarrollo humano, cada perspectiva dirige nuestra atención hacia determinados procesos y ofrece una explicación particular sobre cómo y por qué cambiamos.

Lo importante es comprender que estas perspectivas no tienen que verse necesariamente como explicaciones rivales. Cada una permite observar una parte distinta del desarrollo.

1. Perspectiva psicoanalítica: lo que vivimos también deja huellas

La perspectiva psicoanalítica sostiene que el desarrollo está relacionado con procesos emocionales, motivacionales y, en algunos planteamientos, inconscientes.

Sigmund Freud propuso que las experiencias tempranas poseen una influencia importante sobre la personalidad. Aunque numerosos aspectos de su teoría han sido cuestionados o reformulados por la psicología contemporánea, su propuesta tuvo un impacto histórico fundamental: puso la infancia y las relaciones tempranas en el centro de la discusión psicológica.

Posteriormente, Erik Erikson amplió esta mirada mediante su teoría del desarrollo psicosocial. A diferencia de una explicación centrada principalmente en la infancia, Erikson consideró que el desarrollo continúa durante toda la vida. Propuso diferentes crisis o desafíos psicosociales, como confianza frente a desconfianza durante los primeros años o identidad frente a confusión de roles durante la adolescencia.

Esta perspectiva nos invita a preguntarnos:

¿De qué manera nuestras experiencias y relaciones significativas participan en la construcción de nuestra identidad?

2. Perspectiva del aprendizaje: aprendemos de lo que vivimos y observamos

Desde esta perspectiva, buena parte del comportamiento se desarrolla mediante la interacción con el ambiente.

El conductismo, representado por autores como John B. Watson y B. F. Skinner, destacó que las consecuencias de una conducta pueden aumentar o disminuir la probabilidad de que vuelva a ocurrir.

Pensemos en un niño que organiza sus materiales escolares y recibe reconocimiento constante por hacerlo. Si esa consecuencia resulta significativa para él, es posible que la conducta se fortalezca.

Sin embargo, no aprendemos únicamente mediante premios o consecuencias directas.

Albert Bandura, mediante la teoría del aprendizaje social —posteriormente denominada teoría social cognitiva—, destacó el aprendizaje por observación. Las personas pueden adquirir conductas observando modelos: padres, compañeros, docentes y otras figuras de su entorno.

Actualmente esta idea resulta especialmente interesante porque los modelos ya no se encuentran solamente en la familia o la escuela. Niños y adolescentes están expuestos también a creadores de contenido, personajes digitales, videojuegos y comunidades virtuales.

Por eso podemos preguntarnos:

¿Qué están aprendiendo las nuevas generaciones simplemente observando a los demás, incluso a través de una pantalla?

3. Perspectiva cognitiva: el niño no solamente recibe información, también construye conocimiento

La perspectiva cognitiva estudia los cambios relacionados con procesos como el pensamiento, la memoria, el lenguaje, la resolución de problemas y el aprendizaje.

Uno de sus principales representantes fue Jean Piaget, quien propuso que los niños participan activamente en la construcción de su conocimiento. Desde esta mirada, un niño no es simplemente un adulto que sabe menos: su manera de comprender determinados fenómenos cambia durante el desarrollo.

Piaget describió diferentes etapas del desarrollo cognitivo y explicó procesos como la asimilación, mediante la cual incorporamos información nueva a esquemas existentes, y la acomodación, que implica modificar nuestros esquemas cuando la información nueva ya no encaja en ellos.

Aunque investigaciones posteriores han mostrado que algunas capacidades pueden aparecer de manera más gradual o en momentos diferentes a los planteados originalmente por Piaget, su contribución continúa siendo fundamental para comprender al niño como un participante activo en su propio aprendizaje.

Esta perspectiva plantea una pregunta esencial para la educación:

¿Estamos enseñando de acuerdo con la manera en que el estudiante comprende y procesa la información o simplemente esperamos que memorice lo que le presentamos?

4. Perspectiva sociocultural: nadie se desarrolla aislado

Lev Vygotsky propuso una idea fundamental: el desarrollo cognitivo ocurre dentro de un contexto social y cultural.

Aprendemos mediante la interacción con otras personas y utilizando herramientas culturales, entre ellas el lenguaje. Desde esta perspectiva, aquello que un niño puede realizar con el apoyo de una persona más competente puede ser diferente de aquello que logra completamente solo.

De esta propuesta surge el conocido concepto de zona de desarrollo próximo, relacionado con la distancia entre el desempeño independiente y aquello que puede alcanzarse mediante orientación o colaboración.

Esto tiene importantes implicaciones educativas. El docente no solamente transmite información: puede actuar como mediador y proporcionar apoyos temporales que permitan al estudiante alcanzar progresivamente una mayor autonomía.

En las sociedades actuales, esta perspectiva adquiere todavía más relevancia. El aprendizaje ocurre en familias, escuelas, comunidades y entornos digitales diversos. Por ello, comprender el desarrollo requiere considerar también el idioma, las prácticas familiares, las oportunidades educativas, las condiciones socioeconómicas y los valores culturales.

5. Perspectiva contextual: para comprender a una persona debemos mirar también su mundo

El desarrollo no ocurre dentro de una burbuja.

Urie Bronfenbrenner, mediante su teoría bioecológica, explicó que las personas se desarrollan dentro de diferentes sistemas interrelacionados.

El microsistema incluye los ambientes más próximos, como la familia y la escuela. El mesosistema comprende las relaciones entre esos ambientes. El exosistema incluye contextos que pueden afectar indirectamente a la persona, mientras que el macrosistema comprende factores culturales, sociales, económicos y políticos. El cronosistema incorpora además la dimensión temporal y los cambios históricos.

Pensemos, por ejemplo, en el desarrollo de un adolescente. Su comportamiento no depende solamente de su personalidad. También pueden influir la dinámica familiar, las relaciones escolares, las condiciones económicas, las oportunidades disponibles, las redes sociales y los acontecimientos históricos que le ha tocado vivir.

Esta perspectiva nos obliga a cambiar la pregunta de:

“¿Qué le pasa a esta persona?”

por otra más amplia:

“¿Qué está ocurriendo también en los contextos en los que esta persona se desarrolla?”

6. Perspectiva evolutiva y biológica: el desarrollo también tiene una historia biológica

Otra perspectiva analiza cómo determinados comportamientos y capacidades pueden comprenderse considerando la evolución y la adaptación.

Desde este enfoque, algunas tendencias conductuales pueden haber tenido funciones adaptativas a lo largo de la historia de nuestra especie. Al mismo tiempo, los avances actuales en genética y neurociencias han permitido comprender con mayor profundidad que la biología no debe interpretarse como un destino inmodificable.

El cerebro posee plasticidad, especialmente significativa durante determinados períodos del desarrollo, y las experiencias interactúan continuamente con las características biológicas del individuo.

Por eso, en la actualidad resulta insuficiente preguntar si una característica depende de los “genes o del ambiente”. Una pregunta científicamente más interesante sería:

¿Cómo interactúan la biología y las experiencias a lo largo del desarrollo?

Entonces, ¿cuál teoría tiene la razón?

Probablemente esta sea la pregunta más importante de la lectura.

La respuesta no consiste en seleccionar una perspectiva y descartar todas las demás.

La psicología del desarrollo contemporánea reconoce cada vez más que ningún nivel de explicación, por sí solo, puede describir toda la complejidad del ser humano. Las teorías actuales tienden a ser más específicas y a integrar con mayor atención los procesos biológicos con la diversidad y los sistemas sociales y culturales.

Imaginemos a una niña que presenta dificultades académicas.

Desde el aprendizaje podríamos analizar sus experiencias educativas y las consecuencias que mantienen determinadas conductas. Desde la perspectiva cognitiva estudiaríamos cómo procesa y organiza la información. Desde Vygotsky observaríamos los apoyos que recibe. Desde Bronfenbrenner analizaríamos su familia, escuela y contexto social. Una perspectiva biológica podría considerar aspectos neurocognitivos y del desarrollo cerebral.

La niña es la misma. Lo que cambia es la lente con la que intentamos comprenderla.

La evidencia contemporánea sobre desarrollo infantil también refuerza esta visión multidimensional. La Organización Mundial de la Salud señala que el desarrollo se favorece mediante la interacción de condiciones como salud, nutrición, seguridad, oportunidades de aprendizaje y relaciones de cuidado sensibles y responsivas.

Por tanto, estudiar las teorías del desarrollo no consiste simplemente en memorizar autores, conceptos y etapas.

Consiste en aprender a mirar al ser humano desde diferentes perspectivas.

Cada teoría funciona como una lente. Algunas permiten acercarnos a los pensamientos; otras, a las emociones; otras, al aprendizaje, la biología, las relaciones o el contexto.

Y mientras más lentes podamos utilizar de manera crítica y fundamentada, más completa será nuestra comprensión del desarrollo humano.

Para reflexionar

Después de realizar la lectura, piensa en esta pregunta:

Si tuvieras que explicar quién eres actualmente, ¿qué perspectiva del desarrollo consideras que ayudaría más a comprender tu historia y por qué?

Autora de la adaptación académica:

Licda. Josinell Marieli Martínez Burgos

Neuropsicóloga Clínica | Psicóloga  | Máster en Neuropsicología | Especialista en Neurodesarrollo | Arteterapeuta | Docente Universitaria | Doctoranda en Investigación en Psicología – Universitat de València | Directora de EPIC PLACE, Centro de Psicología y Orientación Educativa

Referencias

Papalia, D. E., & Martorell, G. Desarrollo humano. McGraw-Hill.

World Health Organization. (2020). Improving early childhood development: WHO guideline. World Health Organization.

World Health Organization, UNICEF, & World Bank Group. (2018). Nurturing care for early childhood development: A framework for helping children survive and thrive to transform health and human potential.

Publicado por Josinell Martínez | Epic Place RD

Soy Josinell Martínez, neuropsicóloga clínica, docente universitaria y doctora en formación en la Universidad de Valencia (España). Mi trabajo integra la ciencia, el arte y la creatividad como herramientas para el desarrollo humano y el bienestar emocional. He dedicado mi carrera a acompañar a niños, adultos y familias en procesos de evaluación, orientación y crecimiento integral. “Creo profundamente en la unión entre la neurociencia y el arte como puentes hacia una vida más consciente, equilibrada y plena.”

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